domingo, 24 de octubre de 2010

JÓVENES y jóvenes

Los habitantes de un pequeño poblado han acogido como emblema de heroicidad a una joven de apenas 20 años de edad de nombre MARISOL VALLES GARCÍA (así, con mayúsculas), nueva jefa de la policía del pequeño municipio de Praxedis en el estado de Chihuahua, sí ahí junto a Ciudad Juárez, mero donde los dos cárteles más violentos de México se disputan el territorio y se ejercitan matando policías y sacerdotes por deporte.
Hit para los jóvenes. Hit para las mujeres. Doble hit para las mujeres jóvenes. Hablo de los Chihuahuenses, claro está, porque lo que nos toca en Veracruz son los “jóvenes fidelistas”, ebrios de poder y de soberbia, como lo demostró elocuentemente el director de Patrimonio del Estado josé antonio flores vargas (por supuesto, con minúsculas, a cada quien lo suyo). Es un hecho que cuando la ofensa se dirige hacia alguien entero, es un agravante, pero aún excluyendo esa obviedad, el tipo sólo confirma que no es sino un redondo PATÁN. Parece ser la constante de esos llamados “jóvenes fidelistas” como él o como el delfín Duarte, zopencos en sus declaraciones y en sus actos (declaraciones “desafortunadas” les da por llamarlas ahora), inconsistentes en sus actos, ignorantes de los temas que tratan y altaneros ante el señalamiento, escondiéndose tras el discurso cliché debidamente ensayado para no regarla y evitando las preguntas que, por incontestables, incomodan y hacen perder los estribos ante el angustiante descubrimiento de su propia estupidez.
Pero qué esperábamos, si no son más que la imagen de su maestro, la imagen de sus superiores y del gobierno al que representan. Sólo siguen escuela, es lo que aprendieron del maestro: la fatuidad propia del populismo. Y ahí sí tienen al mejor de los maestros que practica el peor de los populismos: el mesiánico. Basta verlo recorrer los albergues y las zonas siniestradas convencido de que su sola presencia reconfortará a sus desvalidos súbditos y ya no les hará falta nada más; está seguro que sus chistes insolentes alejarán el enojo y la frustración que propician los reclamos, tan molestos que los olvida de inmediato. Tan cierto está de su grandeza que se sabe a sí mismo como la única salvación para reencauzar el camino perdido de Veracruz, de México y del mundo.
Pero claro, él es El Maestro; los demás peleles no dejan de ser más que bufones grotescos a los que tendremos que seguir chutándonos otros seis años.
¿Le entran al cafecito? 

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