lunes, 18 de octubre de 2010

Faltan unas y sobran otras

Siguen haciendo falta (y seguirán haciendo falta por un buen rato) muchas cosas en las zonas devastadas por los huracanes y las inundaciones en Veracruz. Muchas cosas. Sin embargo, también hay muchas cosas que salen sobrando, muchas que ni la gente del Papaloapan, ni de Boca del Río, ni de La Antigua ni de Xalapa ni de todo Veracruz necesita en este momento. Muchas. Y tan no las necesitan que la gente ya se está hartando de tener que tolerarlas. Cosas como los politiquitos de segundo, tercero y cuarto nivel apareciendo con cuarenta mugres despensas o diez paquetes de agua para tomarse la foto con los primeros pobladores de las orillas y luego largarse a publicarlas como si hubiesen sido los portadores de la resurrección. Cosas como las cacareadas brigadas de ayuda “voluntaria” de empleados gubernamentales obligados por sus jefes a asistir de mala gana a los albergues y en las que destacan sus uniformes y logotipos para resaltar la presencia de tal o cual dependencia subrayando, por supuesto, el nombre del titular en el boletín correspondiente. Y mientras los funcionaritos saturan de “ayuda” las áreas accesibles, (hasta donde llega el auto que los lleva, hasta donde pueden caminar con zapatos), las áreas más desamparadas permanecen en el abandono y el olvido de autoridades y asociaciones que no tienen interés de llegar a donde no los puede seguir el fotógrafo, recibiendo únicamente el apoyo desarticulado de civiles independientes que logran ingresar hasta donde les necesitan únicamente por sus medios y su ánimo.
Entre el desaliento que da presenciar estas cosas para quienes hemos llegado hasta allá, digno es de mencionar que si aún quieres hacer llegar ayuda, no lo hagas a través de quienes más se autopublicitan: dos instancias son las que, calladitas, están realizando una labor extraordinaria y con una característica muy notoria, NO ANDAN ACOMPAÑADOS DE FOTÓGRAFOS, su prioridad no es dar la nota. Me refiero a los miembros del ejército mexicano, quienes sí están colaborando en las labores de limpieza pesada, y a la iglesia católica, cuyos laicos se dedican a instalar con mucha eficiencia cocinas ambulantes en los sitios menos imaginados. Si tú no puedes llegar hasta allá, estas dos vías parecen más seguras para que tu apoyo no se lo adjudique nadie como propio, que no se quede en las bodegas o, peor, las casas de algún funcionario, y para que no termine formando parte de paquetes de bolsas con logotipos rojos, azules, amarillos ni de ningún color.
¿Cafecito? 

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