sábado, 3 de abril de 2010

Seguimos en Elizabethtown


Es de considerarlo. El mayor riesgo que representa Elizabeth está en su ego.
Así de fácil, Elizabeth Morales está que no cree en nadie. Y además tiene muy mala memoria: se olvida fácilmente que ella no tiene trabajo político ni partidista que la respalde, que ella misma es una arribista, una fabricación del sistema que la fortaleció desde el Palacio de Gobierno.
Hoy, ella no cree en nadie, no considera que le deba nada a nadie.
No ha entendido que la necesidad de que se presente en todas las imágenes flanqueada por los precandidatos a la diputación, tiene motivos más graves que la consabida “unidad”, tiene la intención de apuntalar su candidatura para que no se tambalee.
Ella no considera que le deba rendir cuentas a nadie: un par de comentarios deslizados en corto y escuchados por mera casualidad, son más que suficientes: Elizabeth Morales no se considera agraciada por haber sido designada precandidata, ella está segura que se la merece, que “se la ganó” y que además “venció” al gobernador. “Se la gané, no pudo conmigo”. ¡UPS!.
En esa medida, no cree que se la deba a nadie, pues de hecho siente que obligó al gobernador Fidel Herrera y a su partido, en una demostración de fuerza, a que la nombraran candidata. Eso la vuelve peligrosa en tanto que no está dispuesta a rendir cuentas.
A estas alturas ni siquiera el grupo de mujeres que la respaldaron figura en su cabeza (esas que conformaron una extraña agrupación de mujeres “notables”, funcionarias en activo y en la banca cuya mano y asesoría se ha dejado ver en su actuar)… nada, ella siente que camina sola, todapoderosa.
Vaya, hasta su principal protector y promotor debe sentir que ya no puede con ella.
¿Quién?, pues el mismo que le enseñó la estrategia de gritar más fuerte; ése que mueve a todos los grupos de manifestantes y bloqueadores de calles; ése cuyos alfiles se dejaron ver en las tomas de 20 de noviembre para reventarle al alcalde los ejes viales que tanta agilidad le dieron a la ciudad mientras duraron; el mismo bajo cuyo manto, desde que fue alcalde, crecieron todos los actuales líderes conflictivos que gustan de gritar más fuerte y cerrar calles, como Rosa Murrieta que sin ningún respeto trae en jaque a los vecinos del Dique con sus ambulantes a los que estafaba pidiéndoles dinero para extorsionadores inexistentes, como Orfilio García al que ayudó a independizarse de Antorcha Campesina y crear su propia organización para hacerle le vida de cuadritos a cada alcalde en turno, como Juan Piedra que ha sido su más eficiente línea de golpeo, como Fidel Guerra que hasta a su propia gente pone en riesgo al exceder el cupo del tianguis clavijero; ése al que el gobernador mantiene porque sabe tenderse de alfombre como nadie.
Ése que la promovió, porque sabía que los otros probables candidatos no le permitirían manipularlos para mantener el poder que aún quiere tener colocando a incondicionales suyos en posiciones estratégicas del Ayuntamiento, como lo ha hecho en las dos últimas administraciones; el mismo que ahora, justo antes de la elección, presionó al ayuntamiento para reencarpetar el asfalto del famoso circuito intercolonias que él hizo durante su administración municipal, con tan mala calidad que ya estaba hecho un desastre intransitable en muchos tramos.
Ése precisamente, que reina y quiere seguir reinando, pues ni a ése le hace caso Elizabeth, porque siente que ella lo puede todo y lo ha hecho todo, sola, sin apoyo ni ayuda, y por eso no le debe fidelidad a nadie. Así lo dice.
¿Un cafecito?

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