entrada el 16 de marzo de 2010
Finalmente, se consumó.
Elizabeth Morales se salió con la suya mediante la técnica de “la que grite más fuerte” y Américo Zúñiga ocultó su falta de carácter para decir “no gracias, Su Señoría, pero ése no era el trato” tras la cobarde máscara de “la disciplina”.
La moneda (que finalmente aún está en el aire) tiene varias caras:
Si Elizabeth Morales llegase a ser (como ya lo parece y como ya se considera ella) la próxima alcaldesa de Xalapa, la capital del estado de Veracruz tendrá sin duda uno de los reinados más despóticos de su historia. Morales, además de conductora, es una excelente actriz y eso es algo que ya constataron muchísimos xalapeños cuando las bases de su partido la llevaron durante su campaña para diputada a recorrer las colonias y congregaciones que hasta entonces ni conocía, pues hasta entonces no sacaba su programa del estudio de televisión de TVmás. Ahí, los xalapeños pudieron presenciar la dramática transformación que esta mujer sufre en cuanto la señal manda a publicidad, en contraste con la casi ridícula sensibilería de telenovela que sobreactúa frente a las cámaras. Fuera de cámaras, los xalapeños han conocido a una Elizabeth déspota, que los trata con desprecio, que condiciona los apoyos que brinda a entregarlos frente a cámaras para la toma y para la foto, grosera hasta la ruindad con su personal, e incluso muchos sufrieron sus tajantes negativas de apoyo como diputada federal o de plano las largas horas de antesala en su oficina del Congreso en México para que, al final, ni siquiera les recibiera a pesar de saber que viajaban desde la ciudad cuyos habitantes la llevaron mediante el voto a cobrar su ominoso salario ahí. Ésa, es la verdadera Elizabeth Morales, la misma que además ya tiene hasta el copete a los empresarios y políticos que tienen que sostenerle su programa cuando ella les llama para exigirles (que no para gestionar, para exigir) que le faciliten los apoyos que le solicitan al aire. Ése es el otro aspecto importante, Morales cuesta mucho dinero y recursos, porque ella sencillamente no tiene capacidad de gestión, ella se limita a exigir, amparada en el respaldo que la propia oficina del gobernador Herrera le brindó desde el principio, cuando desde ahí se hacían las llamadas a quienes tendrían que sostener los compromisos que ella misma no podría cubrir por sí. Así pues, queda claro que este monstruo que ellos crearon, ahora no pudieron ni callarlo ni controlarlo. De esto más o menos va la cosa. ¡Pobre Xalapa!, después de Tribilín, ahora Cruela de Vil, ¡Pobre Xalapa!.
¿Y mientras, un cafecito?
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